A pesar de la relativa cercanía, no había visitado esta zona, salvo una breve estancia hace muchos años, siendo pequeño. El parque natural del Cabo de Gata, en Almería, es uno de los más bellos. Para los que no lo conozcáis, se trata de una zona semidesértica en el extremo más oriental de la provincia de Almería.
Estos campos de Níjar, a los que Goytisolo dedicara una de sus mejores novelas, han cambiado con la llegada de un turismo no masificado, pero que ha ido alterando la fisonomía de este paraje, sobre todo en las zonas más turísticas como Las Negras, San José o Carboneras. Afortunadamente, las playas siguen siendo parajes bien conservados, de limpias y cálidas aguas, las mejores de ellas de difícil acceso, por la falta de caminos o carreteras.
El turismo es eminentemente familiar, aunque se mezcla con visitantes alternativos, en busca de la paz y el retiro que supone una de las zonas más despobladas y desérticas, que en muchos momentos nos puede recordar a paisajes del Norte de África. Pocos extranjeros se ven por aquí, y los que hay no son los clásicos turistas que visitan nuestras costas más urbanizadas del levante o de Andalucía, más bien son “hippies” como los llaman por aquí, que alojados en caravanas o en improvisados campamentos, disfrutan del buen clima y de la relativa tolerancia, hasta el momento, de las autoridades.











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