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Tataki de atún con flor de sal de rosas de Salinas de Isla Cristina

Hace unos días he descubierto un producto andaluz de primera calidad, la flor de sal de las salinas de Isla Cristina, Huelva. La pureza de las aguas del Atlántico andaluz se concentra en esta sal marina pura, obtenida por la primera cristalización en la superficie de las aguas, por efecto del sol y el contacto con los vientos. Esta flor de sal es todo un lujo, y nada mejor que combinarla con un producto noble del Estrecho, el atún de almadraba. Esta es mi receta de tataki de atún con flor de sal de rosas.

El producto, flor de sal de Isla Cristina

La empresa que produce estas sales se llama Biomaris, y tienen una gran variedad de flor de sal. La natural, en escamas grandes, es excelente, pero también producen sales aromatizadas, la más sorprendente es la de rosas, con auténticos pétalos de rosa añadidos, y que es la que he usado para esta receta. También tiene otras variedades; con pimienta rosa, curry, romero, algas de mar, pimentón ahumado (la llaman sal de chorizo), pimienta negra, y sal de ajo, entre otras. Todo un abanico de posibilidades a la hora de cocinar.

Ingredientes, 4 personas

300 gr. lomo de atún de almadraba, 100 gr. semillas de sésamo, 100 gr. salsa de soja japonesa, 50 gr. sake, 20 gr. azúcar, 5 gr. aceite de girasol, 5 gr. flor de sal de rosas Biomaris.

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La sal rosa del Himalaya, ¿una panacea?

Sal rosa del Himalaya

En el Forum Gastronómico tuve la suerte de poder conversar con Javier, de Salnatur, una empresa que comercializa en España la sal rosa del Himalaya, L´Himalayen, y probar diferentes tipos de sal, como la sal negra y la sal roja, así como diferentes mezclas de sal rosa con especias e hierbas aromáticas.

Ya había visto esta sal rosa en casa de mi amiga Nadya que me había hablado de sus virtudes. Como cocinero la verdad que no la conocía, más habituado a las sales marinas como la sal Maldon, en escamas, o a sales de la Camarga francesa, ligeramente ahumadas.

Según parece, proviene esta sal rosa de las estribaciones del Himalaya, de minas de sal procedentes de los mares primitivos con una datación de miles de años. Su color rosado se debe a su contaminación con depósitos férricos (de hierro) en los yacimientos. Se vende en forma de sal ligeramente granulada, o en escamas ideales para el molinillo, sobre todo con las nuevas presentaciones con mezclas de guindillas, pimientas, vainilla, té verde o hierbas del Mediterráneo.

Documentándome a través de la red, he podido ver que hay enérgicos defensores de este tipo de sal, atribuyendo a la misma propiedades curativas muy variadas. De hecho se vende mayoritariamente en herboristerías y tiendas de productos “naturales”. Su pureza es indudable, es sal pura, faltaría menos, por el precio que tiene que te dieran otra cosa.

Pero estoy en parte de acuerdo con sus detractores en que tampoco habría que atribuirle más ventajas de las que científicamente tiene. Y yo diría que tampoco son tantas, de hecho se publicita como baja en Yodo, cuando precisamente las autoridades sanitarias recomiendan siempre el consumo de sal yodada, es decir, marina, precisamente para evitar enfermedades frecuentes hace tiempo como el hipotiroidismo, causada por la escasa ingesta de yodo, y que como síntoma significativo tiene el bocio.

Por tanto, ser baja en yodo no es ninguna ventaja, al contrario. Bien es verdad que las dosis diarias necesarias de este compuesto son mínimas.

Interesantes son la sal roja de Hawai, impregandas de lodos naturales arcillosos que le confieren este color tan atractivo, o la sal negra, que obtiene este color por la adición de carbón activo procedente de rocas volcánicas, y que se vende por su poder antitóxico del carbón. Más que sus propiedades, el color atractivo de estas sales me parecen interesantes a la hora de decorar platos de la nueva cocina.

¿Son una “pijada” estas sales? Después de probarlas, deciros que saben a sal, no creo que nadie note ninguna diferencia con una sal común de mesa. Eso sí, su color y presentaciones son muy atractivas, pero sinceramente no creo que compensen su alto precio.

En El aderezo Blog de cocina  |  La sal Maldon y otras delicatessen

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