Esta mañana he desayunado unos croissants deliciosos, nada que envidiar a los croissants parisinos. Se lo debo a la Panificadora El Trigal, un pequeño establecimiento que descubrí ayer en Torremolinos, que lleva poco tiempo abierto pero que ya abastece de panes y bollería a muchos hoteles y restaurantes de la costa.
Se trata de un modesto obrador, regentado por argentinos, como se puede comprobar en algunas especialidades, como croissants rellenos de dulce de leche, un pecado, o croissants enriquecidos con almíbar, o los “vigilantes”, a modo de croissants alargados, llamados así por ser un obsequio de las amas de casa a los policías de barrio en Argentina. Desde la entrada, donde están los mostradores, se pueden divisar las máquinas para amasar pan, extender el hojaldre, y los grandes hornos. Seguro los vecinos agradecen el maravilloso olor a pan y dulces que debe salir por las mañanas de aquí.
Pero además abundan las especialidades alemanas, como el Rosinenbrot, pan de pasas con mantequilla, uno de mis preferidos, o los clásicos panecillos con semillas de amapola o con sésamo, tan apreciados por los numerosos visitantes nórdicos de nuestra costa malagueña.




