Suena raro esto de hacer sopa de tomillo, igual que me sonó cuando Dolorss, de Blog de Cuina, me contó cómo hacer esta deliciosa sopa de hierbas aromáticas, mientras compartíamos mesa en el Bar El Gaucho de Pamplona, tomando unos excelentes pintxos, en el evento de Kaiku donde nos conocimos.
Y es que, claro, juntar a varios bloggers gastronómicos es peligroso, al final acabamos hablando de recetas, platos, restaurantes y otras muchas cosas relacionadas con nuestra actividad. La verdad que, como hace tiempo de esto, no recuerdo a la perfección la receta de Dolorss, así que espero me perdone si medio me he inventado algo, o si le he añadido algunas cosas de mi cosecha.
La ventaja de esta ligera sopa es que la infusión de tomillo que nos sirve de base tiene todas las propiedades medicinales de esta planta, tan típica de nuestras montañas. De hecho, para hacerla he salido de casa y la he recolectado a escasos metros, ya que crece silvestre por aquí. No confundirlo con el serpol, otra planta silvestre emparentada de sabor fuerte, y que se parece mucho, y con el que comparte propiedades.
Entre sus muchas virtudes medicinales, la infusión de tomillo es tónica y digestiva, y antiguamente se usaba para eliminar las lombrices. Esta sopa de tomillo es ideal como estimulante del apetito y para mejorar la digestión, y además es barata y está muy rica. ¿Qué más se puede pedir?
Ingredientes 4 personas
Un buen ramillete de tomillo fresco (3-4 cucharadas de tomillo seco), 1,5 litros de agua, sal a gusto, 5 rebanadas de pan, un poco duro, aceite de oliva virgen extra.













