Uno de mis descubrimientos del pasado sábado en el mercadillo ecológico. La feijoa es una fruta tropical, Acca sellowiana, también denominada Guayaba del Brasil o Guayabo del Brasil. Annette, de origen belga, que nos sorprende hablando un español casi perfecto, cultiva esta variedad en su huerta del Molino de la Ermita, en Coín, y a pesar de la distancia a la costa veo que gracias al clima benigno han sabido adaptar especies exóticas tan interesantes como esta. Según leemos en la wiki, la feijoa toma su nombre de João da Silva Feijó (siglo XVIII), director del Museo de Historia Natural de S. Sebastião, en Brasil.
Lo primero que llama la atención de la feijoa es el aroma intenso y dulce, típico de las guayabas. Recuerdo de pequeño que en la finca de mi abuela había un guayabo, y los frutos, puestos en el salón, ambientaban toda la casa con su maravilloso aroma. En este caso no es tan intenso, y hay que acercarse un poco para percibirlo. Otra diferencia es que los frutos son más alargados, y además de color verde cuando están maduros, algo poco frecuente en el reino vegetal.
Al abrirlo me gusta la textura de su carne, jugosa y de sabor dulce y ligeramente amargo, y una ventaja es que las semillas son muy pequeñas y se puede comer todo el interior, a diferencia de las otras guayabas. Se puede tomar como fruta, partida en cuartos, pero también sirve para elaborar mermeladas, bebidas, salsas y, según nos cuenta Annette, helados y sorbetes. Además es una fruta con muy alto contenido en vitamina C.













