
Muchos conocéis el carpaccio, ahora tan de moda en la nueva cocina, donde se hacen “carpaccios” no sólo de carne, también de pescado y verduras (de langostinos, de alcachofas, etc.). Lo mejor es usar un solomillo de ternera de primera calidad para esta sencilla receta de carpaccio con rúcola y parmesano. Pero primero, un poco de historia.
Una breve historia del carpaccio
La historia del carpaccio es bien curiosa. Empieza en un antiguo hotel de Venecia, el Europa-Britannia, donde Giuseppe Cipriani regentaba el bar de este exclusivo establecimiento en la década de los años 30 del pasado siglo. Uno de sus mejores clientes, el americano Harry Pickering, temporalmente en apuros económicos, obtuvo la desinteresada ayuda del buen Giuseppe para volver a su país. Poco después el tal Harry recompensó esta ayuda con creces, lo que permitió a Cipriani abrir su archiconocido Harry´s Bar, en honor al americano, y que sigue siendo uno de los lugares más lujosos e interesantes de la ciudad.
Lejos del bullicio y a escasos metros de la turística piazza de San Marcos, el Harry´s Bar se encuentra en una calle poco transitada, algo escondido y discreto, y desde sus comienzos fue punto de encuentro de la nobleza de toda Europa, y muy frecuentado todavía por artistas y gente de la jet set. Entre sus asiduos clientes se encontraban Chaplin, Hemingway, Toscanini, Orson Welles, Onassis y Maria Callas.
Entre sus creaciones figuran cócteles tan famosos como el coctel Bellini (de zumo de melocotón con prosecco), el Rossini (puré de fresas helado y prosecco) o el Tiziano (mosto de uvas negras y prosecco). En 1950, una de sus clientas más fieles, Amalia Nani Mocenigo, una aristócrata veneciana, fue diagnosticada de anemia, y su médico le recomendó una dieta a base de carne cruda. Cipriani creó para ella este plato, el carpaccio.
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