Puchero malagueño

Me encanta este guiso popular, el equivalente del cocido en mi tierra. La versión que preparo en casa es la que se hace en Málaga, y si das un paseo por los barrios de la ciudad, por las mañanas las calles “huelen a puchero”, cuando las amas de casa lo preparan desde primeras horas, cocido  a fuego lento. Esta es mi receta de puchero andaluz, su “pringá” y mucho más, y que haremos en nuestro curso de cocina para novatos de meses próximos.

Es un guiso relativamente modesto, que a veces solo lleva pollo y algo de tocino y un hueso, pero es más rico si añadimos varias carnes, que luego usaremos para la “pringá”, servidas con el tocino y los garbanzos, una delicia, o que guardaremos para hacer unas croquetas caseras, como se ha hecho de toda la vida. Así que, podemos decir, es un guiso con muchas consecuencias y segundas partes.

Por supuesto, el caldo es delicioso y se toma siempre de primero, a veces con arroz hervido, otras con fideos, o simplemente con unas rebanadas de pan cateto y una ramita de hierbabuena, con añadido de garbanzos y algo de la carne desmenuzada, incluso con taquitos de jamón serrano, tal como se sirve en muchas ventas de los Montes de Málaga.

Ingredientes

Los “avíos” del puchero: un kilo de pollo o gallina, limpio, con su piel, 200 gr. jarrete de ternera, 400 gr. magro de cerdo, 100 gr. tocino de cerdo (media salazón), 50 gr. hueso blanco, 50 gr. costilla añeja, 100 gr. tocino curado.

Las verduras: 500 gr. garbanzos remojados, un nabo, 3 zanahorias, una patata, 2 ramas de apio, 100 gr. repollo (opcional).

Consejos sobre los ingredientes

Aunque parezca sencillo, todo puchero, igual que los cocidos, tiene sus pasos. Lo importante es la calidad de los ingredientes.

Mejor usar gallina que pollo, o incluso pollo de corral, que hace mejor caldo, y siempre mejor con la piel. Se puede poner tocino fresco de cerdo, aunque es mejor si está un poco salado. En las carnicerías de barrio andaluzas es fácil encontrar todos los “avíos” del puchero, no dudes en dejarte aconsejar por ellos. Los huesos blancos, en salazón, se encuentran fácilmente, incluso se venden ya en bandejitas preparados en muchos supermercados.

Si se quiere hay quien añade algún embutido, morcilla o chorizo, aunque el puchero “estandar” no lo lleva. Tampoco le queda mal un trozo de hueso de jamón. Los garbanzos se suelen comprar ya remojados en la misma carnicería, aunque si queremos los podemos remojar en casa, en agua fría con un poco de sal, la noche antes.

Elaboración

Muchas amas de casa usan la olla rápida para hacerlo, y no sale mal, pero yo prefiero hacerlo a la vieja usanza, a fuego lento, aunque lleve más tiempo. Aunque no es imprescindible, unas abuelas de un pueblo me enseñaron a limpiar un poco las carnes antes de hacer el puchero. El truco es poner algo más de un litro de agua a hervir, en una olla grande, y cuando rompa a hervir añadimos las carnes, el tocino y resto de “avíos”, huesos y tocino curado.

Damos un hervor unos 5 minutos, apartamos y tiramos el agua que llevará todas las impurezas y parte del exceso de sal. Así dará un caldo más ligero y suave, y evitará que tengamos que espumar mucho.

A continuación volvemos a cubrir las carnes con agua abundante, al menos 3-4 litros, según la capacidad de la olla. Añade los garbanzos remojados y escurridos, y no pongas sal. Deja cocer a fuego lento, desde que rompa a hervir, unos 50-60 minutos.

En este punto añade las verduras, peladas y en trozos grandes. Si quieres puedes añadir puerro y calabaza, aunque este puchero no suele llevar mucha verdura. Deja cocer una hora a fuego lento, hasta que todo quede muy tierno y el caldo muy espeso y blanco. Ya casi al final ajustamos de sal, normalmente una cucharada sopera de sal será suficiente.

Si ves que evapora mucho añade un poco de agua de vez en cuando. A pesar de haberles dado un hervor a las carnes al principio, siempre habrá que ir espumando el caldo, quitando las impurezas que se van formando en la superficie.

Degustación del puchero y la pringá

Sirve el caldo con unos fideos o con un poco de arroz. Para ello apartamos el caldo y dejamos cocer con el arroz o la pasta, hasta que esté en su punto, y luego se sirve como primer plato, con una ramita de hierbabuena, según la costumbre local, e incluso un chorrito de zumo de limón, ya en el plato.

A veces se sirve con rodajas de pan cateto, asentado, en crudo, o dados de pan frito, con un poco de garbanzos, carne del puchero e incluso taquitos de jamón serrano y huevo duro, a la manera de muchas ventas. También una ramita de hierbabuena le queda bien.

Después del caldo del puchero, se puede tomar la “pringá”, en el mismo plato donde hemos tomado la sopa. No es más que algo de carne y tocino del puchero, incluso a mi me gusta con unos garbanzos, y que se cortan o se trituran con un tenedor junto con la carne y el tocino. Si se quiere se añade un poco de sal y se come con pan.

Otra forma más light es tomar la pringá sin tocino, haciendo lo mismo pero añadiendo un poco de aceite de oliva y sal, muy rico también y algo más sano.